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Hoy sábado 31 de diciembre a las 19.30 el Arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez presidió la misa junto a la comunidad de la Parroquia Crucifixión del Señor de barrio Müller de la ciudad de Córdoba, Argentina. Compartimos su homilía en la que expresó su dolor por las familias atravesadas por el sufrimiento luego de la tragedia del 22 de Diciembre pasado y animó a la continuidad de la lucha por el bien, la luz, la esperanza, con la fuerza del amor humilde como el de la Virgen María a los pies de la cruz.
Homilía en la Parroquia de la Crucifixión (31. 12. 16)
Queridos hermanos todos y muy especialmente queridos miembros de la comunidad parroquial de la “Crucifixión del Señor”:
Inspirándome en unas palabras del Señor Jesús en el evangelio quiero decirles desde el corazón:“con ansias he deseado compartir esta Eucaristía con ustedes”, que han atravesado y atraviesan circunstancias verdaderamente dolorosas.
Normalmente, el clima que acompaña la celebración de la Navidad y del Año Nuevo es de fiesta, de alegría. Este año, en cambio, en el barrio Müller, en la parroquia de la “Crucifixión del Señor”, el clima es de tristeza y de sufrimiento.
Todos sabemos o hemos oído relatar lo que pasó aquí el jueves 22 de diciembre por la tarde. La enorme tragedia de una vida joven perdida, la angustiante situación de familias atravesadas por el dolor, la existencia de personas afectadas duramente por los acontecimientos, la del P. Mariano, la de su colaborador, Martín, la de la comunidad toda impactada y sufriente.
En medio de esta situación surgen las preguntas: ¿cómo reaccionar?, ¿qué hacer?, ¿cómo seguir? La respuesta no es fácil y sin embargo hay que intentar formularla: “es preciso reaccionar amando, perdonando e intentar de corazón seguir transitando el camino que se venía recorriendo hasta ese jueves fatídico”.
Hay quienes han señalado que el “misterio del mal” se ha insinuado en estos dolorosos acontecimientos. Frente a ello vale recordar lo que la Iglesia leía en la fiesta de los Santos Inocentes: “Dios es luz, y en Él no hay oscuridad alguna”. Tenemos que apostar por esa luz, hay que continuar el camino…
Hay que recorrerlo, eso sí, con un “perfil bajo”, sin anhelos de propaganda, de eficiencia o de éxito, haciendo lo que tenemos que hacer con la fuerza del amor humilde que simplemente sirve con total generosidad y con incansable constancia.
Esta Eucaristía la celebramos en las vísperas de la “Jornada mundial de la paz”. En su mensaje el Papa Francisco nos invita a optar por la “no violencia activa” para nuestra vida en la sociedad, en el mundo atravesado por una guerra “a pedazos”, que muchas veces se manifiesta también en lo pequeño, en lo cotidiano.
La no violencia activa no es conformismo ni mucho menos rendición frente a las situaciones adversas, sino que es la firme decisión de vencer el mal con el bien. Recordemos la luminosa enseñanza de san Juan Pablo II en Córdoba, en el año 1987: “es preciso ahogar el mal en abundancia de bien”.
La no violencia se aprende y se practica en la familia y desde allí se proyecta a la sociedad. Es de suma importancia lo que vivimos en nuestras relaciones familiares, con nuestros amigos y vecinos.
También es importante lo que miramos en la televisión y cómo lo miramos. Si sólo nos quedamos en la superficialidad de tantas propuestas, en la invita-ción a un consumismo desenfrenado que “seca”, que “esteriliza” el alma, si miramos con cierta avidez las expresiones de violencia que se presentan, difícilmente podremos encarnar esa actitud que construye día a día la paz, por más que realicemos marchas o formulemos declaraciones altisonantes.
Sólo el esfuerzo cotidiano, sencillo, austero y constante logra con la ayuda de Dios la transformación de los corazones de las personas, de sus familias y de sus amistades y en definitiva de la sociedad toda.
La Virgen Santísima estuvo al pie de la cruz del Señor y allí recibió de su Hijo crucificado el encargo de cuidar de nosotros, sus hijos: “ahí tienes a tu hijo…”.
A ella acudimos confiados pidiendo por toda la comunidad parroquial, por su pastor el P. Mariano, por todas las personas que colaboran con él. Pedimos nos alcance la gracia de construir una paz verdadera, y pedimos también que sostenga nuestro caminar esperanzado en el año que estamos a punto de comenzar.
+ Carlos José Ñáñez
Arzobispo de Córdoba
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Como Iglesia Católica que está en Córdoba queremos expresar nuestro profundo dolor por los hechos acontecidos el jueves pasado por la tarde en Barrio Müller de nuestra ciudad. Lamentamos muchísimo la pérdida irreparable de una vida joven, nos duele la situación que afecta al P. Mariano Oberlin y a Martín, su custodio. A todos ellos, a sus seres queridos y a la comunidad parroquial de la “Crucifixión del Señor”, los encomendamos en nuestras oraciones.
Junto a nuestra oración queremos manifestar nuestra cercanía y nuestro acompañamiento a todos ellos en el dolor. A su vez, queremos recordar una vez más que la propuesta de Jesús es “que todos tengamos vida y la tengamos en abundancia” (cf. Jn. 10, 10). Apoyándonos en las palabras del Señor, cuyo nacimiento nos preparamos a celebrar, queremos reafirmar nuestro propósito de trabajar para superar divisiones, enfrentamientos, estigmatizaciones y exclusiones que generan resentimientos, rencores y una violencia cuyas consecuencias padecemos todos dolorosamente.
Al Santo cura Brochero que tanto trabajó por favorecer condiciones de vida dignas para todos y que tan cerca estuvo de los que sufren le encomendamos esta situación pidiéndole que ruegue ante “su” Purísima para que podamos vivir una Navidad serena y construir una Patria cada vez más fraterna.
+ Carlos José Ñáñez
Arzobispo de Córdoba
+ Pedro J. Torres
+ Ricardo O. Seirutti
Obispos Auxiliares de Córdoba
Una mirada pastoral sobre la situación social en la ciudad de Córdoba y alrededores – Observaciones y Reflexiones –
En consonancia con el documento “Bicentenario de la Independencia – tiempo para el encuentro fraterno de los argentinos” publicado por la Conferencia Episcopal Argentina en el marco del bicentenario de la Patria, el Consejo de las Pastorales Sociales de la Arquidiócesis de Córdoba considera oportuno elaborar un segundo instrumento de trabajo sobre los problemas sociales que marginan o excluyen a nuestros conciudadanos para vivir en una sociedad fraterna y solidaria. Esta sociedad es la casa común, la casa de todos, la Patria.
Antes de abordar el tema, nos parece importante aclarar que nuestra mirada sobre algunos aspectos de la realidad de Córdoba no se rige por el método científico ya que no pretende ser un documento estadístico sino de reflexión pastoral. Este material se basa, fundamentalmente, en la experiencia de los agentes pastorales que, organizados en las distintas Comisiones Sociales Arquidiocesanas, trabajan silenciosamente ayudando a las personas, especialmente a las más vulnerables y desprotegidas, a sortear las dificultades que enfrentan cotidianamente. El testimonio de estos agentes es particularmente valioso porque nace del contacto directo con el drama que significa la vida para muchos ciudadanos nuestros.

Síntesis del “Encuentro de preparación para la Asamblea 2017” que se llevó a cabo el día 8 de noviembre del 2016 en el Santuario del Sagrado Corazón de los Padres Capuchinos. Hemos extraído de lo allí trabajado con los miembros de las comunidades parroquiales que estuvieron presentes, los siguientes datos y conclusiones que deseamos compartir con ustedes a fin de seguir trabajando juntos en este proceso de detección de las problemáticas y búsqueda de propuestas para afrontarlas e ir delineando con ellas las líneas de acción del próximo trienio.
Esta síntesis contiene una visión muy acotada y reducida de quienes participamos de dicho encuentro, que no deja de asemejarse a la realidad, especialmente a las realidades de las periferias de nuestra arquidiócesis.
Las tres problemáticas más destacadas están fuertemente vinculadas: adicciones, falta de educación y violencia de género. Sin dudas estos tres factores se retroalimentan y crecen juntos en nuestra sociedad.

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