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Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
“Invoco la intercesión de la Bienaventurada Virgen María sobre la próxima Cuaresma, para que escuchemos el llamado a dejarnos reconciliar con Dios, fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y nos convirtamos a un diálogo abierto y sincero con el Señor. De este modo podremos ser lo que Cristo dice de sus discípulos: sal de la tierra y luz del mundo”, lo escribe el Papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma 2020, cuyo título es: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20) y que fue presentado este lunes, 24 de febrero, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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“Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” [Lc. 15, 32] |
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Las personas buscan sus libertades y muchas veces piensan que Dios se las quita. Empiezan por alejarse del Padre, cuyo amor no han entendido y cuya presencia se les hace pesada. Los hijos vuelven. Al volver descubre que el Padre es muy diferente de la idea que de él se había forjado, pues lo estaba esperando y corre a su encuentro; lo restablece en su dignidad, borrando el recuerdo de la herencia perdida. Y se celebra el banquete del que Jesús había hablado tantas veces. Al final comprendemos que Dios es Padre. Él no nos ha puesto en la tierra para cosechar méritos y premios, sino para descubrir que somos sus hijos. Dios no se sorprende de nuestras maldades, pues al crearnos libres aceptó el riesgo de que cayéramos. Y a todos nos acompaña en nuestra experiencia del bien y del mal, hasta que pueda llamarnos hijos suyos, gracias a su único Hijo, Jesús. Com. Biblia Latinoamericana. |
En consecuencia, es necesario un cambio de mentalidad, de mirar con ojos blandos y principalmente de abrir nuestro corazón. Más aún, el Maestro Jesús de Nazaret nos muestra permanentemente “Conviértanse y crean en la Buena Noticia” [Mc 1, 15]. Por un lado, esta transformación denominada conversión [del griego, meta: más allá y noia: mente], en labios de Jesús es una invitación a cambiar nuestra mente y nuestro corazón. Por otro lado, en la misma línea esta indicación fue el consejo del apóstol Pablo: “Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cual es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” [Rm 12, 2].
Esta es nuestra invitación: CAMBIAR NUESTRA MENTE Y NUESTRO CORAZÓN tendiendo puentes con el colectivo LGTBI.
