El día 24 de octubre del corriente nos encontramos representantes de las Juventudes Sindicales, Organizaciones Estudiantiles, Pastoral Universitaria y Pastoral Social para hablar, compartir, reflexionar y escucharnos en torno a la realidad de las juventudes cordobesas en torno a la idea orientadora: “Voces, diagnósticos y compromisos de las juventudes para reconstruir la esperanza”.
Les dejamos a continuación el documento conjunto que elaboramos:
De la fragmentación a la comunidad
Voces, diagnósticos y compromisos de las juventudes para reconstruir la esperanza
La necesidad de encontrarnos
El presente documento es el resultado de un proceso de diálogo y sistematización colectiva entre jóvenes de diversos ámbitos territoriales, eclesiales, estudiantiles y de la militancia social. Nace de una urgencia compartida: frenar la inercia del aislamiento, mirarnos a los ojos y ponerle nombre a las realidades que atraviesan nuestra cotidianeidad.
Vivimos en un tiempo signado por una profunda desazón social y política. La imposición de una lógica donde prima el “sálvese quien pueda”, el repliegue individualista y la proliferación de discursos de odio amenazan con disolver los consensos democráticos más elementales. Frente a la indiferencia que parece gobernar las decisiones públicas y ante el repliegue hacia lo privado, las juventudes decidimos no ser espectadoras pasivas de la descomposición social. Nos reunimos no para lamentarnos desde la resignación, sino para cartografiar con crudeza lo que nos duele, recuperar la dignidad de nuestros sueños y definir líneas claras de acción que vuelvan a poner la vida y lo colectivo en el centro.
Las heridas del presente
Nuestros dolores no son el fruto de fracasos personales ni de debilidades individuales; son el síntoma directo de un modelo cultural, político y económico que desarticula la solidaridad. Identificamos tres grandes nudos que asfixian el desarrollo de nuestra generación:
La fractura del tejido social y el imperio del odio: Padecemos una disolución crítica de los lazos colectivos. Advertimos la persistencia de matrices históricas y económicas que se instalaron deliberadamente para romper el sentido de comunidad. Los discursos de odio buscan erradicar lo diferente, mientras los egos personales y las disputas internistas fragmentan las herramientas políticas. Como consecuencia, crece la desconfianza mutua y se impone la creencia de que a nadie le importa el sufrimiento ajeno.
El sufrimiento subjetivo y la crisis de salud mental: La soledad, la apatía y la depresión golpean a diario a nuestras juventudes. Vivimos con el miedo paralizante al error y la autocensura de ocultar la propia vulnerabilidad para no ser juzgados. Esta falta de horizontes trascendentes, sumada al avance de los consumos problemáticos en los barrios y a una sensación crónica de insignificancia (“no ser suficiente”), se traduce en un incremento doloroso y alarmante de los suicidios juveniles.
La asfixia material y la tiranía de la precariedad: La subsistencia se ha vuelto un peso agobiante. En el país de la abundancia de alimentos, nuestros barrios pasan hambre. Las juventudes cargan con multitrabajos precarios para apenas llegar a fin de mes, con altos niveles de endeudamiento y con el desmantelamiento de servicios esenciales como la salud y la educación pública. La vida cotidiana se reduce, para muchos, a una carrera interminable por saldar deudas, clausurando la posibilidad de planificar un porvenir digno.
El horizonte que soñamos
Frente a la parálisis y a la resignación de pensar que “el mundo ya se acaba”, afirmamos con convicción que estamos para más. Soñar no es una evasión ingenua, sino un acto de rebeldía política y espiritual que orienta nuestros pasos hacia un proyecto común de Nación:
Poner la vida en el centro y superar la lógica mercantil: Reivindicamos el derecho a una existencia vivible, donde la realización personal no se mida por la rentabilidad económica ni el consumo. Soñamos con una sociedad que garantice un proyecto de vida pleno, donde el esfuerzo recupere sentido al estar al servicio de un ideal noble y compartido.
Comunidad organizada y memoria barrial: Rescatamos la huella imborrable de nuestras familias trabajadoras y de los barrios donde crecer acompañados era la norma: la copa de leche, el club y la esquina como espacios donde la comunidad cuidaba de la comunidad. Nuestro horizonte es una sociedad organizada desde las bases, fundada en el humanismo, la reciprocidad y el principio de subsidiariedad, desterrando para siempre la soledad del desamparo.
Un Estado presente y universidad para el pueblo: Exigimos políticas públicas integrales y duraderas en salud, trabajo y educación. Reclamamos una universidad que abandone la “torre de marfil” académica, que dialogue con los saberes populares y que garantice que las hijas e hijos de la clase trabajadora colmen sus aulas, aportando su formación y excelencia al desarrollo de la patria.
Alianza social y horizonte ético: Anhelamos sellar un pacto duradero y fraterno entre el movimiento obrero, el estudiantado y los espacios de fe comunitaria. Nos reconocemos interpelados por el mensaje humanista y el llamado ético de la Iglesia y del Papa Francisco, construyendo una patria más justa donde el individualismo se disuelva en bienestar colectivo.
¿Qué hacemos y qué podemos hacer?
El compromiso de las juventudes se mide en el territorio. Para tender puentes donde hoy abundan abismos, asumimos la tarea concreta de desplegar las siguientes prácticas militantes y organizativas:
La revolución de la presencialidad: Salir de la trinchera virtual. Si bien las redes forman parte del ecosistema actual, reconocemos que no reemplazan la fecundidad de mirarse, escucharse, charlar y compartir el mate. Nuestra primera tarea es estar juntos, poner el cuerpo en los barrios y generar espacios cotidianos de contención que salven vidas frente al aislamiento.
Construir unidad en la diferencia y mesas amplias de trabajo: Dejar de priorizar las pequeñas diferencias políticas e identitarias antes que el destino común, abriendo mesas de articulación amplias, no sectarias, desarmando prejuicios y convocando a todo aquel que quiera aportar, generando consensos programáticos básicos para la defensa irrenunciable de los derechos sociales.
Fomentar el encuentro intergeneracional: Establecer puentes continuos con las generaciones mayores. Recuperar las memorias de resistencia, los métodos organizativos del movimiento de trabajadores y el testimonio histórico de quienes supieron reconstruir la patria en momentos críticos.
Militancia transgresora desde las bases: Reivindicar que la política y la fe encarnada son motores de transformación vital. Creemos que es importante expandir la organización de base en cada facultad, sindicato, capilla y centro comunitario, sumando a nuevos compañeros y compañeras a militar por la dignidad de sus pares.
Organizar la esperanza
La juventud no está perdida. En medio de un tiempo hostil y desalentador, elegimos ser luz y hacernos cargo del destino de nuestros hermanos. Asumimos la corresponsabilidad histórica de recomenzar, con la convicción profunda de que nadie se salva solo y nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza.
Llamamos a todas las juventudes a sumarse a esta gesta: a quebrar el miedo, a organizarse desde el territorio, a tender puentes con quienes caminan a nuestro lado y a transformar el desamparo individual en un destino común de felicidad y justicia social.
El futuro nos necesita despiertos, unidos y en comunidad
Juventudes Sindicales de Córdoba
Organizaciones Universitarias de Córdoba
Pastoral Universitaria de Córdoba
Pastoral Social de Córdoba

